LA ESPADA DE BORGES / Marco Bugueño
 



Por qué puso Borges aquella inscripción en su propia tumba, y qué quería decir, quién podría traducirla allá en Chile, menos aún. Debiera hacerlo ahora tal vez, ahora mismo que me encontraba en Europa, pero con quién. El tren abandonó la estación con la precisión horaria calibrada de los trenes europeos. Estaba empapado, la lluvia sobre Ginebra era persistente y fría. Una hora antes había caminado bajo ella rumbo al cementerio Plainpalais, en el centro de la ciudad, hasta encontrar la tumba de Borges.

Todo el cementerio respiraba Edad Media, un musgo verde y negro moldeaba las lápidas y pequeñas rocas dibujaban el sendero, separando el césped de la grava crepitante. A pesar de la lluvia, no fue difícil llegar a la lápida. Sobre ella había una cruz galesa, me senté a un costado contemplando la escena y calado hasta los huesos. Quise imaginar los motivos de Borges para yacer allí. Me dije que sondear esas últimas razones era una posibilidad muy lejana, que incluso lo debió ser para Kodama y su círculo más íntimo. Finalmente me acerqué a la lápida para despedirme, estaba solo, por lo que la exposición de mi vanidad se ejecutaba sin testigos. Nadie corría el riesgo de exponerse a un acto que podría resultar hasta pedante, digamos, palmotear la tumba de Borges y despedirse de él en un cementerio medieval de Ginebra. Fue entonces inevitable detenerme en las inscripciones de la piedra. Escritas, en lo que después supe un germánico antiguo, se leía: And ne forhtedon na , pero en reverso había otra inscripción, más extensa: Hann tekr sverthit Gram okk / legger i methal theira bert.

Ya en Chile pude finalmente traducirlas, con la ayuda del Fernando Alegría a quien conocí en la Fundación Neruda , él me entregó el significado de la segunda inscripción, esta es : Y él puso su espada desnuda entre los dos, y me dio, además, la tarea de buscar su sentido en uno de los libros de Borges. La encontré en “Literaturas Germánicas Medievales”, el verso corresponde a la Völsunga Saga y relata la historia de Sigurd y Bryhild. El texto tiene otras traducciones e interpretaciones, pero me quedo con esta: Ella ha sido dada en matrimonio a Sigurd, sin conocerlo y, menos aun, amarlo. Imaginemos lo que pasó ese día: Ella lo ve ingresar al castillo, con sus hombres cabalgando cruzando las puertas abiertas. Esa tarde se casan, ella adivina su rostro mirándolo a hurtadillas por entre su velo de novia. Ya de noche, en la cámara nupcial, Bryhild se tiende en la cama y le dice: Tómame, ya que soy tu mujer y tienes derecho sobre mí. Pero Sigurd se detiene y le dice: No, yo solo te tomaré cuando me ames. Y entonces, él puso una espada desnuda entre los dos.

Pero ¿por qué Borges pone esta inscripción en su tumba? Vayamos antes a la otra inscripción en la lápida: And ne forrhtedon na. Esta tiene varias traducciones, pero principalmente dos. La primera, “que no temieran” y la segunda, “ellos abrieron las puertas del cielo”. Un grupo de vikingos enfrenta su última batalla, ya derrotados e inferiores en número, Abren las puertas del cielo para marchar juntos hacia la muerte. Esta traducción es la que sentí como correcta, porque vi la relación entre ambas inscripciones.

Borges abre las puertas del Cielo no en lugar ni circunstancia cualquiera, lo hace como un soldado desolado en la batalla. Sin embargo, esta derrota tampoco es tal, porque hay un acto de belleza, más que de mero honor, en la muerte de esos soldados, un acto que habla de una definición de trascendencia. Morir así es también una elección, pero solo reservada para algunos. El acceso al sentido verdadero de las cosas se define en Borges a la manera de Hegel y de Nietzche, es necesariamente un acto al que no todos están llamados. Es por esto, siento, que Borges puso una espada desnuda entre él y el mundo, una distancia insalvable con aquellos que no podrían leerlo, ni compartir el fenómeno, el suceso de lo verdadero develado solo para algunos. Esta convicción de Borges no fue nunca un sinónimo de solaz prepotente del que se ufana como un querubín superior rondando las bibliotecas. Nada más alejado de eso. Si no más bien, y así lo vivió, una condena brutal, como él mismo dijo: “estoy cansado de ser Borges”. Una broma terrible de Dios.

“Dios es el inasible centro de la sortija
no exalta ni condena. Hace algo más: olvida”

( La Moneda de Hierro, Jorge Luis Borges)

 

 
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